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Ruta por las Cuevas

Ruta de las cuevas

Vista Ruta de las Cuevas

Formando un arco en sentido este-sur-oeste, las cuevas presentan una planificación anárquica. Las cuevas, en donde naturalmente se cobijan las clases más modestas de la ciudad, vienen a albergar hasta un 55 o 60 por ciento de los habitantes accitanos. No constituyen un único sector, sino que más bien a lo largo de ese arco a que antes aludíamos, constituye diversos barrios y clanes, con una enorme complejidad en su extensión y en sus recovecos.
 
Su origen, a partir de la Reconquista de los Reyes Católicos, está en el desplazamiento de la población morisca desde la medina a los arrabales, y más tarde, desde éstos a las zonas periféricas, a consecuencias de la expulsión originada por la guerra de los moriscos de 1568, y del subsiguiente regreso más o menos encubierto, todo ello mezclado con asentamiento minoritarios de gitanos procedentes de los trabajos auxiliares de las tropas de la Reconquista castellana, y de otros inmigrantes posteriores de menor entidad económica.

Todas ellas son, pues, posteriores a la época mahometana, que no las conoció, y su época de arranque es la primera mitad del siglo XVI, a partir de los dos núcleos fundamentales del cerro de San Marcos y de la fuente de Maese Pedro, desde estos dos sectores. El siglo XVII asistió a su engrosamiento, un mucho al margen de la sociedad instalada en las casas, hasta que en el siglo XVIII empieza a reconocérsele el carácter de elemento integrador de la ciudad, y corregidores y párrocos empiezan a sentir interés o preocupación  por ellas, cada día más abundantes. Así, hasta el siglo XIX, y sobre todo el XX, en los que el dualismo de la vivienda y otros factores socioeconómicos e históricos crearon una situación de enfrentamiento de este hábitat contra la casa representada singularmente por la Medina.

La depresión económica posterior al año 1950 origina una emigración surtida en su mayor parte de este sector, lo que provocará la regresión de su demografía, actualmente en gran declive.

Las cuevas todas, en esta comarca, se asientan -o se pican- aprovechando la naturaleza blanda de los terrenos arcillosos que componen la serie de colinas que abrazan en semicírculo a Guadix, noroeste-oeste-sur, con sus numerosos barrancos, cañadas, cerretes. En cualquier colina se pica un plano vertical, y una vez obtenido, en sentido horizontal, se cava la cueva o galería, con ramificaciones interiores adecuadas a los servicios o funciones que vaya a cumplir.

La salida de los humos de la cocina se obtiene perforando el cero, verticalmente, hasta ella, con chimeneas montadas sobre los cerros y construidas con argamasa y encaladas después, lo que origina que todas las colinas, por la abundancia de cuevas, luzcan estas singulares chimeneas que prestan al paisaje una particular fisonomía. Las cuevas tienen por acceso una tosca puerta de madera, a veces dividida en dos partes, para servir la superior de ventana, según tradición morisca; escasamente existen ventana propiamente dichas.

Individualmente cada cueva suele tener un ajuar, normalmente modesto. Pero el conjunto de ellas, en la ladera de las colinas, en las cañadas y barrancos, con distribución anárquica, aprovechadas en distintos niveles, adaptándose al terreno, dan al conjunto una singularidad altamente interesante.

En el interior de la cueva está recubierto de cal que desempeña la doble función de conseguir luminosidad y actuar de desinfectante. Llama la atención al penetrar en las cuevas la cantidad de clavos que penden del techo, su finalidad es que la arcilla pueda respirar y no se produzcan grietas.

Vista Ruta de las Cuevas

Las cuevas no tienen ninguna planificación viaria, si no es la elemental de cañadas y barrancos, y alguna que otra arteria principal. Eso hace difícil indicar una ruta de visita a todas ellas. No obstante, aquí vamos a dar una visión urbana de ese conjunto, tratando de enumerar cómo están distribuidas en ese arco que rodea la ciudad y que va del noroeste, por el sur, hasta el sureste. Es así:

Por la placeta de los Carros, inmediata a San Miguel, nos dirigimos al ventorillo, saltando desde aquí a los cerros de la Magdalena y de San Fandila, que con la cuesta de los Morales y la cañada de la Higuera forman el ala izquierda del Cañaveral, que desemboca en la esquina de Paulenca. Al oeste de aquí queda el Colmenar, al que llegamos atravesando la ramblilla de San Antón o rambla de Zalacos.

Continuando el Cañaveral, hacia el sureste, llegamos la placeta de la Cruz, que queda a nuestra izquierda, mientras que el cañillo de Pitico se nos queda a la derecha.

Continuamos, no obstante, hasta dar frente a la placeta de las Bacas, y, desde aquí, a las fuentes de Maese Pedro, uno de los núcleos originarios de las cuevas. Aquí comienza el barranco de Cucala, quedando a la derecha Los Tejares, La Minilla (camino de Lugros) y Tejares de los Bacas y los Caballeros. Desde aquí pasamos a la Ermita Nueva.

Actualmente la Ermita Nueva polariza uno de los centros neurálgicos de las cuevas, por el establecimiento en ella de una ermita, que se transformó en parroquia  después de la guerra de 1936-1939, lo que ha venido motivando que se erija en este punto un centro de gran parte de las cuevas, por el factor religioso, los grupos escolares y la actuación de la Institución Teresiana, que se origina con don Pedro Poveda. Es aquí donde tienen lugar los bailes de rifa que inmortalizará Alarcón en El niño de la bola, teniendo especial significación la ermita, también excavada en el cerro, en la arcilla, a la que después se ha adosado recientemente un cuerpo de mampostería. La iglesia es típica y arquetipo de iglesias modestas en un medio subdesarrollado y tradicionalista, debiendo reseñarse en esta iglesia, entre la pobreza de su ajuar, un soberbio lienzo de la Virgen de Gracia, seguramente del siglo XVII, de gran valor artístico, que en el año 1956 fue coronada canónicamente, con el padrinazgo del capitán general de la Novena Región Militar.

Desde la ermita, bajando hacia la derecha, quedan Fuente Mejías y la cañada de los Perales, que acaban por desembocar en la huerta Milla, junto a los torreones de la Alcazaba, iniciado el camino por el barranco del Armero a la derecha y culminado en los Barreros y en las viñas del Habanero.

A la izquierda del barranco del Armero queda la cañada de Ojeda, que desciende hasta formar parte de una placeta. A la izquierda de la cañada de Ojeda tenemos la cañada de los Galianos, que da frente por su cabecera al cerro de la Bala.

Desde aquí nos trasladamos a la inmediata calle de San Marcos. Y subiendo ésta tenemos, a la derecha, la solana de Santiago, y a la izquierda, en su parte media, el cerro de San Marcos, otro de los núcleos originarios de las cuevas, que se asoma, por el este, a San Diego.

Subiendo la calle de San Marcos llegamos a la cabecera de la rambla Pina, y allí al Pasillo (camino de los Forasteros). Por la derecha pasamos a las eras de Lara, que acaban por desembocar en las cuatro ramificaciones llamadas Cuatro Veredas. Y en estas inmediaciones hay que señalar la erección de una segunda ermita, posterior a 1939: la ermita de Nuestra Señora de Fátima, también transformada después en parroquia. Esta ermita es notable por su fábrica, que planeó el famoso arquitecto Santa Teresa, y se exhibe como una de las muestras arquitectónicas de adaptación al paisaje, para lo que el arquitecto ha tenido que conjugar las finalidades litúrgicas de la iglesia con la policromía de la tierra, la heterogeneidad de los niveles y lo quebradizo del paisaje. Sus motivos ornamentales, aunque sobrios, juegan para esta finalidad con notable acierto.

Las Cuatro Veredas son: barranco de las Viñas o de Barthe, por el sur. Camino que lleva al barranco del Armero por el oeste. Rambla del Patrón a los cerros de Medina, por el este. Y camino de los Forasteros, cabecero, por el norte.

Bajando los cerros de Medina hacia el norte, se llega al camino del Puente Viejo, quedando a la izquierda Trasfalanda, cuesta de los Madrileños, ronda Conta y final de la rambla Pina, que desemboca en San Diego.

Ahora, por este sector, pasamos a Chorro Gordo, y desde aquí por la izquierda, al noreste, nos llegamos al salitre de Santa Ana, al arrecife de Santa Ana y Era Alta, por donde pasamos a la carretera de Almería.

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